Claves para afrontar la depresión navideña.

La navidad es una época del año a la que no todo el mundo le gusta. A través del artículo que os recogemos del diario El País, os damos unas claves para afrontar esta etapa de la mejor forma posible.

 

 El equipo profesional de Avanza Psicología.

 

Me deprime la Navidad, ¿qué hago?

Claves para afrontar una de las épocas con mayor bajón emocional del año.

 

“La Navidad está llena de recuerdos complicados de gestionar. Es una fiesta familiar, y a los que no tenemos familia nos lo recuerda indecentemente. La gente se pone muy nerviosa. Es una señal del paso del tiempo, lo cual es recochineo para los que somos viejos. Y es demasiado infantil, lo cual es extraño para los que no tenemos niños”. Así reconoce sentirse Javier ante las fechas que amenazan con alterarla normalidad durante casi tres semanas. Sus palabras subrayan algunas de las principales causas de rechazo ante las fechas navideñas: la soledad y el recuerdo los que están lejos o han fallecido, pero hay más.

“Antes me gustaban, pero a dos tercios de mí ya no. Aparte de que se han convertido en consumismo puro y duro, me agobiapensar en los menús y en las ideas de regalo para todo el mundo. Y además hay que empezar a prepararlas casi según acaba el evento anterior. Desde hace unos años, la vivo más en términos de obligación que de voluntad”, dice Consuelo, que alude a la presión que generalmente recae en las mujeres, a la hora de preparar la logística de comidas, detalles, decoración, actividades y gastos propios de la época Navideña.

“Me veo obligado a coger el coche en pleno invierno y atravesar el país para pasar unos días con la familia. O sea, para pasar unos días de tensión, porque los problemas y los roces se respiran en cada cena y en cada brindis y no puedo evitar pensar que todo es una especie de simulacro en el que no quiero participar pero del que tampoco me puedo escapar sin sentirme muy mal y muy egoísta”, reconoce Patxi.

Los motivos por los que la Navidad puede convertirse en una época de bajón son tantos como personas entristecen en estas fechas. Los expertos no hablan de depresión navideña pero sí admiten que “unas semanas tan emocionales intensifican cómo nos sentimos y, cuando no estamos del todo bien, ver a todo el mundo sonriendo en tu entorno puede incidir en ese malestar, por comparación”, señala el psicólogo social Guillermo Fouces. Este malestar previo sumado “al recuerdo de las personas queridas que ya no están o a la presencia de la propia familia cuando las relaciones no son buenas hacen de la Navidad una época del año complicada y muy intensa: si estás bien, en Navidad estarás mejor, si estás mal, te sentirás fuera de lugar”, asegura.

La presión para participar de la alegría y la felicidad propias de este periodo es inevitable y tiene un efecto estresante en muchas personas que, además, se sienten culpables por no emocionarse en las fiestas del espumillón y los turrones. Reconocer que no se siente la emoción que tiene el consenso general –en un estudio del CIS realizado en 2009, que incluía preguntas sobre la Navidad, la mitad de los encuestados reconocieron que estas fechas les hacían sentir “alegría”- genera malestar y sentimientos negativos. Por fortuna, afrontarlos pasa por aceptar la situación y reconocer nuestro derecho a sentirnos diferentes. O mejor todavía, a volver a mirar a ese estudio del CIS y comprobar que la mitad de la población sentirá “alegría” pero la otra mitad “añoranza”, casi un 18% “agobio” y un 27% “tristeza”.

Qué hacer si nos da el bajón

“Lo mejor que uno puede hacer es pensar que no todo el mundo es igual, que no hay un estándar y que no es obligatorio disfrutar de estas fechas. Hay que permitirse alternativas diferentes, salir y hacer cosas. Aprovechar los días de descanso en el trabajo para tener un ocio productivo y procurar relacionarse con personas que nos gusten y con las que tengamos buena relación”. Aconseja Fouces, sintetizando recetas muy recomendables de seguir en Navidad y durante todo el año.

Los binomios “paz y amor” y “alegría y felicidad” están muy bien para quien comparta la emoción de la zambomba y de los niños pidiendo el aguinaldo. Los que no lo tengan claro, pueden hacer un último intento y para aquellos que, sin remedio, sientan que la Navidad es una época deprimente queda el consuelo de que es efímera, como los sentimientos que magnifica.